Coconut

viernes, 29 de abril de 2011

Es curioso. Hace un momento habría dicho: 'Qué sola me siento'.
Pero realmente, no me siento sola. porque desde aquí, nada me parece real. 

He pensado y he sentido tantas cosas diferentes en esta hora que llevo despierta, que ahora que me pongo a intentar escribir para descargarme al más puro estilo Gehlen, no me sale nada. Pero en absoluto.

Y aquí estoy yo, conmigo misma. Y como siempre, todo lo que nace en mí morirá en mí, sin más.
Sólo puedo decir una cosa: 'No vale escucharlo tan bajo que no de dolor de cabeza.'


He aparecido de repente,
como en el silencio en un pueblo que no conozco,
entro a una cafetería, pillo sitio
y me pongo a mirar a mi alrededor:
una pareja besándose, desafiando al mundo,
succionando vida,
inflando beso a beso su amor,
hasta que apenas dejan sitio para los demás
así me pongo a mirar a la televisión...

Aunque las noticias,
todas o casi todas las noticias
les enseñan los dientes a la
felicidad, la escasa felicidad:
Sanz dice que no al euskera
tres palestinos al hoyo, gol del real Madrid,
arma tiro pum, detenidos atados en cualquier
parte y me pregunto qué es esto
si vivir o permanecer vivo, vivir
o permanecer vivo, sobrevivir sin ti

La gente ríe de vez en cuando
cada cual se guarda sus miedos
para sí mismo
somos así
ansiedad, un pozo profundo, no
es nada bueno lo que siento
a veces, a menudo, demasiadas veces,
con mucha frecuencia
me doy cuenta de que no estoy bien
camarero: un café; sólo y doble
esta noche no quiero tener sueños...

Basta ya, no quiero parecer
demasiado oscuro sólo quiero levantar el ancla y
salir al mundo exterior
pero me cuesta, sí
y no hablo de arrepentimientos
ni de culpas
es que tengo varias heridas aún
abiertas
eso es todo, perdona.

Quisiera cambiarte mis poemas
por aquella novela que
escribiste una vez,
para saber de una vez por todas
qué es lo que hacías
mientras yo estaba sufriendo.

Deseo que seas tan feliz como pareces.

domingo, 24 de abril de 2011

Vivimos en una sociedad donde impera la mentalidad sacrificial, vaya que sí. Citaría a Pollán, pero no recuerdo bien sus palabras al respecto, y no me gustaría dejarle mal poniendo en un boca cosas que él no dijo; aunque sí usaré su término. Realmente, a lo que se ajusta ese término, es a vivir sufiendo o sacrificándose, para poder conseguir una recompensa ulterior. Piensen en el cristianismo, y tendrán la idea. Yo lo que quiero decir es eso, pero no.

Pensamos que si nos sacrificamos, que si perdemos algo que consideramos bueno o beneficioso para nosotros, vamos a obtener algo mejor. Nos reprimimos. Fingimos. Hacemos cosas perjudiciales para nosotros mismos. Pensando, que si hacemos eso, todo irá mejor, conseguiremos mejores cosas, o seremos más fuertes, o mejores personas.
¿Qué sentido tiene? Ninguno. Es otra de las gilipoyeces humanas. La autoperfección es tan absurda como la autodestrucción. Hacer esto para conseguir esto otro. Tocar fondo para subir. Mantenerme siempre en la cima. Dejar de ser mediocre. Descender a lo más profundo del abismo. Para, para, para.
¡Así como si el mundo fuese previsible! ¡Como si uno controlase su propia vida y fuese dueño de sí mismo!
La vida es así; salvaje y sin riendas.

Y que nadie es bueno o malo, o peor o mejor. Somos todos la misma carne rellena. Y nadie es especial.
Una amiga me dijo: Cuando hablo con alguien que ha leido el mismo libro que yo, o visto la misma peli, y le ha entusiasmado tantísimo como a mí, siempre me siento una mierda. Me doy cuenta de lo fácil que es que una persona que no me conoce de nada, me llegue a lo más hondo y me fascine, y que no sólamente me pase eso a mí, si no a la mitad de planeta. Y eso me hace pensar en lo poco especial que soy.

Pienso que tiene toda la razón.

Little bean, piece of me.

lunes, 11 de abril de 2011

'Ellos no habían nacido para ser especiales, y ambos lo sabían. Pero siempre un poco más ella que él.'

Y es que no entiendo cómo pude perderla. Ella no era lo que yo siempre había querido, y por eso precisamente me tenía enamorado hasta los huesos. Aunque parecía tremendamente meditabumda y siempre sumida en la tiniebla de sus cosas, escudada en su mirada fría para ahorrarse necios compromisos, siempre tan misteriosa... cuando se dejaba ser ella misma, descubrías que no era más que una niña ruidosa, que decía cosas tontas y no paraba de hacer absurdeces sólo por conseguir llamar la atención y no sentirse tan sola. Una niña a la que le gustaba jugar a los disfraces tanto, que ya no distinguía dónde acababa la máscara y dónde empezaba ella.

Ese don, ése que solo he encontrado en una mujer. El de ser a la vez, lo más cercano y lo más lejano, lo más frío y lo más cálido, lo más recto y lo más absurdo, lo más bello... lo más completo. Lo más raro, lo más sincero, y sobre todo, lo más especial que he visto nunca en mi vida.